miércoles, 30 de enero de 2013

¡Don Porfirio Díaz!... así llamado y conocido por la sociedad.



     Para muchos nombrado con gran respeto y admiración y para otros con rencor y desilusión. Fue gran hombre astuto e inteligente que buscó la manera de llegar al poder, logrando ser un presidente que la sociedad recordaría por mucho tiempo.

     Muchas personas creían y confiaban en él, pero algunos cambiarían de parecer sin siquiera imaginar lo que el destino les tenía como sorpresa. Este gran señor modernizó al país, y esto fue un avancé ¡claro que sí!. Trajo al país el ferrocarril como medio para transportar recursos, mercancías y personas. Introdujo la energía eléctrica y con esto la posibilidad de tener muchos aparatos de lo que en aquél entonces eran de países civilizados y modernos, el teléfono, la cámara fotográfica, la radio, el cine, entre otros, que vinieron a sorprender totalmente a los habitantes de la época.

     Sin embargo el pueblo creció y sólo algunos tuvieron la oportunidad de gozar de aquellos privilegios que tenía la modernización. Fueron grandes los avances pero también se marcaron gravemente las diferencias entre pobres y ricos, las clases sociales bajas claro que no podían disfrutar de la modernidad de su país.

     De las decisiones de Don Porfirio Díaz, de las más claras fue invitar a extranjeros a que vinieran con sus empresas a nuestro país. Claro que esas empresas les dieron empleo a muchos mexicanos ¿Pero a qué costo? Se aprovechaban de los recursos de México y también explotaban a los trabajadores, que lo único que buscaban era el sustento de sus familias teniendo que aguantar malas condiciones de trabajo.

     El rico gozaba a costillas de los pobres, los más desfavorecidos trabajaban duro, sufrían de maltratos, creo que es por eso que se dice “trabajaban de sol a sol” adultos, jóvenes y niños, todos por igual sin importar edad ni sexo. Y ¡Pobre del que se quejara!, ¡Pobre del que estuviera cansado de su situación y lo hiciera saber!, más rápido que mencionar la palabra rápido, era callado a base de golpes y castigos, era su realidad y tenía que aguantarse.

     Muchos dicen que Díaz se dejó llevar por la ambición, se olvidó de que en México también había pobres, ser tan poderoso cambio su forma de pensar y ver las cosas, hacía su voluntad de manera autoritaria violando las leyes del país. Su lema “la no reelección” se lo llevó el viento, ¡Tánto así! Que siguió elegido por más de 30 años.

     ¿Qué tanto aguanta un pueblo estar sometido a la fuerza? ¿Qué se puede hacer en este caso para acabar con esas injusticias? ¿El avance de la nación realmente fue un avance?.

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